Cuatro preguntas que no podemos
dejar sin respuesta.

La tecnología está cambiando lo que las personas pueden hacer, cómo trabajan y cómo funcionan las sociedades. Al mismo tiempo, muchas de las estructuras que daban identidad, pertenencia, confianza, propósito y un papel significativo se están debilitando. El futuro dependerá de algo más que aquello en lo que se convierta la tecnología. Dependerá de lo que se fortalezca en nosotros.

Preferimos perder una idea antes que defender la equivocada.

Elegimos evidencia sobre elocuencia. Comparamos explicaciones rivales, reconocemos la incertidumbre y rechazamos tanto el catastrofismo fácil como el optimismo fácil. Incluso la idea que más amamos debe poder perder.

El objetivo no es defender una filosofía. Es encontrar aquello que pueda resistir la evidencia y orientar la acción.

Estas preguntas orientan dónde buscamos, qué ponemos a prueba y qué estamos dispuestos a llevar al mundo.

01

¿Qué ocurre cuando las tecnologías exponenciales avanzan mientras se debilitan las estructuras que daban coherencia a la vida?

02

¿Qué debe fortalecerse en las personas para que puedan dar forma a la transición en lugar de ser moldeadas por ella?

03

¿Cómo reconstruimos identidad, pertenencia, confianza, propósito y contribución sin repetir los fracasos de las viejas instituciones?

04

¿Para qué debe servir la tecnología si la medida es el florecimiento humano y no la eficiencia?

Lo que aprendemos cambia lo que preguntamos. Lo que probamos cambia lo que creemos. Lo que funciona se gana el derecho a crecer.

Ver en qué se han convertido las preguntas